sáb. Ago 8th, 2026

Por Redacción

Ciudad de Mexico, 08 de agosto de 2026.- La conferencia matutina, concebida en su origen como un espacio de rendición de cuentas, se ha transformado en un escenario donde se lanzan señalamientos sin pruebas, se exhiben nombres y rostros sin derecho a defensa, y se construye un relato oficial que no admite matices ni corrección, según una columna de opinión publicada por Quadratín México.

Alejandro Moreno, autor del texto, afirma que “hay una paradoja que se repite todas las mañanas frente a un atril: quien más ha normalizado la mentira como herramienta de gobierno pretende ahora erigirse en árbitro de la verdad ajena”. El columnista sostiene que cuando el poder define qué es verdad y qué es mentira desde su propio púlpito, sin someterse a escrutinio, deja de ejercer una función informativa para ejercer una función de control.

En el análisis se señala que en la conferencia matutina no existe la posibilidad de que un señalado responda en el momento, no hay contrapeso ni verificación previa. “La mañanera no tiene mecanismos de corrección al aire, contraparte invitada, ni posibilidad de que quien es señalado responda en el mismo momento y con el mismo micrófono”, detalla el texto, contrastando esto con los medios de comunicación que operan bajo marcos legales, códigos de ética y la posibilidad real de rectificación o demanda.

Moreno indica que desde ese espacio se impulsan iniciativas para regular el derecho de réplica en los medios, aunque considera que “el derecho de réplica es una figura legítima y necesaria en cualquier democracia. Pero su regulación no puede nacer de quien primero debería aplicárselo a sí mismo”. El autor argumenta que la estrategia del gobierno es desplazar el debate público hacia el terreno donde el poder tiene todas las ventajas y ninguna de las obligaciones que exige a los demás.

“Que un gobierno busque presentarse como garante de la verdad mediática, mientras usa su propio espacio de comunicación oficial para difundir acusaciones sin sustento, no es solo una incongruencia retórica: es una estrategia”, escribe Moreno. Para el columnista, informar es exponer hechos verificables y dejar que la ciudadanía saque sus propias conclusiones, mientras que controlar es imponer una narrativa y castigar con el señalamiento público a quien se atreva a cuestionarla.

El autor concluye que la confianza en las instituciones se construye con transparencia, no con señalamientos unilaterales, y que la credibilidad se gana con evidencia y procesos verificables. “Si el objetivo real fuera fortalecer el debate público, el punto de partida sería someter la propia comunicación oficial a los mismos estándares de verificación, corrección y contraparte que se exigen a la prensa”, finaliza el texto, advirtiendo que mientras esto no ocurra, cualquier intento de ordenar a los medios desde el poder carece de legitimidad.

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