vie. Abr 3rd, 2026

Ciudad De México, 03 de abril de 2026.- Una investigación constató que uno de los ocho brazos de los pulpos machos, el que les sirve para reproducirse, tiene la capacidad sensorial de detectar y fecundar a las hembras sin tan siquiera verlas. El hallazgo protagoniza la portada de la revista Science y revela que el brazo especializado, llamado hectocótilo, detecta la progesterona de las hembras para localizar el oviducto.

El hectocótilo es siempre el tercer brazo de la derecha. Según Pablo Villar, investigador del estudio, “los machos tienen el hectocótilo que, si lo miras desde arriba, parece un brazo normal. Pero este, siempre el tercer brazo de la derecha, es un poco especial, que no usan ni para buscar comida, ni para explorar, sino solamente para el apareamiento”.

Durante el apareamiento, el hectocótilo se desliza hasta el manto de la hembra, localiza el oviducto reproductor y deposita un paquete que contiene esperma denominado ‘espermatóforo’. La liberación de esperma solo se produce cuando las pequeñas ventosas de la punta del hectocótilo entran en contacto con la progesterona de las hembras. Una sola ventosa del pulpo contiene unas 10 mil células sensoriales.

“Es como una mezcla entre olfato y gusto, tiene que tocar, pero también es químico. Es una mezcla de sentidos. Nosotros no tenemos esa modalidad sensorial, entonces imaginarse qué es lo que se siente gustando con la punta de los dedos, es una cosa extraña”, explicó Villar. La mayoría de los 500 millones de neuronas del pulpo se distribuyen en los tentáculos y estos apéndices pueden funcionar de forma autónoma.

Los investigadores llevaron a cabo varios experimentos con pulpos de dos manchas de California (Octopus bimaculoides). Colocaron a machos y hembras a ambos lados de una barrera opaca en un tanque de agua salada con pequeñas aberturas para los tentáculos. Incluso sin señales visuales, el macho podía alcanzar el otro compartimento, encontrar a la hembra e insertar la punta del hectocótilo en su manto.

En otro ejercicio, “hicimos el experimento de poner dos machos y los machos se tocaron, pero de inmediato retiraron su hectocótilo, dejando de estar interesados el uno por el otro, así que había algo probablemente en la piel”, detalló Villar. El equipo encontró que los genes que sintetizan hormonas sexuales estaban elevados comparados con otros tejidos.

El equipo de investigación está compuesto por doce investigadores pertenecientes a universidades de Estados Unidos, Japón y Suecia. Nicholas Bellono señaló: “Previamente habíamos descubierto que ese brazo estaba especializado para el apareamiento, pero se desconocía que fuese un órgano sensorial mediante el cual los pulpos reconocen a sus parejas y las fecundan”.

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