mar. May 5th, 2026

Redacción

Ciudad de México.- La desorientación, la ansiedad y otros padecimientos que afectan la salud mental de la juventud están más presentes que nunca en las sociedades actuales. Adolescentes y profesionistas buscan sentido a su vida en medio de la incertidumbre. En las instituciones educativas es bien sabido que muchos miran con preocupación hacia el futuro y se cuestionan sobre su destino, con interés en hallar certezas.

Esta ha sido una de las preocupaciones actuales más relevantes no sólo en las escuelas, sino en las instituciones que miran de cerca el desarrollo humano, como la UNESCO y la OMS. Por eso, en las aulas escolares se ha vuelto más urgente hablar del propósito, porque la educación no es un sistema de automatización para la vida laboral y ya, sino que debe asumir el reto de preparar a los jóvenes para la vida. Aprender cuestiones académicas que repercutan en el bienestar propio y ajeno es parte de un camino de conocimiento y/o autoconocimiento.

Durante mucho tiempo se enseñó a las personas a pensar que el propósito era un hallazgo: algo que había que descubrir, como si estuviera escondido en algún rincón esperando a su dueño. La realidad es distinta: el propósito no se encuentra, se declara. Es una decisión consciente que surge del autoconocimiento y que se convierte en brújula cotidiana para orientar nuestras acciones. Si una persona no se pregunta hacia dónde va, ¿cómo podría dirigir sus pasos?

La idea de que el propósito es una revelación súbita, producto de la inspiración momentánea, ha generado frustración en muchas personas. Jóvenes que sienten que aún no lo han “descubierto” y profesionales que creen que su vida carece de dirección porque no han tenido esa revelación. Pero el propósito es una construcción personal que debe basarse en la consciencia, en la experiencia, los intereses, el talento, las necesidades, los recursos, etcétera.

Al nombrarlo, cambia la forma de tomar decisiones. Cuando lo expresamos con claridad, cada elección se convierte en un acto coherente con esa declaración. Desde la carrera que estudiamos hasta el proyecto que emprendemos, desde la manera en que nos relacionamos con los demás hasta cómo enfrentamos los retos, el propósito declarado de dirección y ayuda a avanzar con firmeza, incluso en momentos de incertidumbre. En palabras de León Fernando Ruiz Chávez, Gerente de Growth Hacking en Tecmilenio, es “una brújula que no sólo señala hacia dónde ir, sino que nos recuerda por qué caminamos”.

Conviene destacar el efecto comunitario del propósito: cuando se declara, no sólo transforma la vida de quien lo hace, sino que esa persona se vuelve inspiración para otras. Además, el propósito de uno puede coincidir con las búsquedas de otros, generando un efecto colaborativo para su logro. Así, fortalece equipos, proyectos y organizaciones, porque fomenta la cohesión y un sentido compartido. Tecmilenio ha impulsado experiencias guiadas de declaración de propósito, donde estudiantes y colaboradores descubren que no se trata de esperar a que llegue una revelación, sino de tomar la decisión consciente de nombrar lo que da sentido a su vida.

Ruiz Chávez lo expresa así: “La invitación es clara: no esperes a encontrar tu propósito como si fuera un objeto perdido. Decláralo. Hazlo tuyo. Escríbelo, compártelo, vívelo. Esa declaración será la base sobre la cual construirás tus decisiones, tus relaciones y tu manera de enfrentar el futuro”.

Dar ese primer paso no requiere certezas absolutas, sino disposición para mirarse con honestidad. Hoy existen herramientas que pueden acompañar este proceso de reflexión y ayudarte a poner en palabras aquello que da sentido a tu vida. Si quieres comenzar, puedes explorar esta experiencia de autoconocimiento en: https://miproposito.tecmilenio.com/es.