vie. Mar 27th, 2026

Nueva York, 27 de marzo de 2026.- La Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó este miércoles una resolución histórica que reconoce la trata transatlántica de esclavos como un crimen contra la humanidad y establece un marco para avanzar hacia la verdad, la justicia y la reparación. La votación, celebrada en la sede del organismo internacional, arrojó un resultado de 123 votos a favor, tres en contra y 52 abstenciones, marcando un hito político pese a la oposición de potencias occidentales.

La iniciativa fue impulsada por Ghana y contó con el respaldo explícito de la Unión Africana y la Comunidad del Caribe (Caricom). El texto busca abordar las consecuencias duraderas de un sistema que, según el contexto de la discusión, afectó a al menos 12.5 millones de personas durante 300 años. Aunque la resolución no es vinculante, sus promotores la consideran una garantía contra el olvido y un paso fundamental para cuestionar las cicatrices históricas dejadas por la esclavitud.

António Guterres, secretario general de la ONU, destacó la gravedad del periodo histórico abordado. En una declaración oficial, afirmó que la esclavitud fue un crimen contra la humanidad que atacó el núcleo mismo de la condición humana, destruyó familias y devastó comunidades. El funcionario enfatizó la necesidad de trabajar activamente por la verdad, la justicia y la reparación como vías para enfrentar este legado.

Por su parte, John Dramani Mahama, expresidente de Ghana y voz clave en la promoción de la medida, señaló que la adopción de esta resolución sirve como una garantía contra el olvido y permitirá cuestionar la cicatriz duradera de la esclavitud. Su intervención subrayó el papel central de los países africanos y caribeños en la construcción de este consenso diplomático.

Estados Unidos fue uno de los tres países que votaron en contra de la resolución, junto con Israel y Argentina. Dan Negrea, representante estadounidense, justificó el voto negativo argumentando que su país no reconoce un derecho legal a la reparación por agravios históricos que no eran ilegales bajo el derecho internacional en el momento en que ocurrieron. Negrea calificó el texto de problemático en innumerables aspectos, alegando que promueve agendas específicas y fomenta la creación de nuevos grupos de trabajo e informes costosos.

La aprobación de este documento en Nueva York abre un nuevo capítulo en el debate global sobre las reparaciones históricas. A pesar de las posturas divergentes expresadas durante la votación, el amplio apoyo de la mayoría de los Estados miembros refleja una voluntad política creciente para institucionalizar el reconocimiento de los daños causados por la trata de personas en África y su diáspora.

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